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martes, 28 de abril de 2020

L'Almoina de Valencia: Patrimonio e Historia de una ciudad



Resumen: Ante la necesidad de concienciar sobre lo importante que es mantener estudios vinculados al pasado y al patrimonio, realizamos una recomendación, para el interesado lector, de un museo arqueológico que representa a la perfección cómo es la evolución histórica de una ciudad.

Introducción

Fotografía panorámica de la Plaza de la Virgen de Valencia
            En la Plaza de la Virgen, una de las localizaciones más icónicas de la ciudad de Valencia, encontramos edificios emblemáticos de la antigua capital del Reino de Valencia, tales como la Basílica de la Virgen de los Desamparados, el Palacio de la Generalitat Valenciana, y la Fuente del Turia, donde una estatua de un hombre sosteniendo una cornucopia y rodeado de doncellas representa al río Turia y todos sus afluentes (dicen que el modelo fue un profesor de la Universidad de Valencia). En esa plaza, la Puerta de los Apóstoles congrega al Tribunal de las Aguas todos los jueves a las 12 desde hace más de mil años, siendo la institución jurídica vigente más antigua de Europa, y en esa misma plaza es donde termina la Ofrenda de Flores, una de las actividades más importantes de Las Fallas.
            Estamos hablando de una plaza cuya cultura e historia son de un valor incalculable, y es ampliamente visitada por turistas de todos lo rincones del mundo.
            Pero hoy no vamos a hablar de La Plaza de la Virgen, sino de un pequeño museo situado detrás de ella, en la plaza que recibe el nombre en honor al yacimiento histórico que hay. El Museo de L’Almoina, en el que se encuentra el mayor yacimiento arqueológico de la ciudad de Valencia, remontándose desde su fundación romana hasta el periodo musulmán y el del Reino de Valencia de Jaime I, realizando un recurrido de la historia de la urbe por más de 2000 años, en el que este lugar siempre se situó su centro político, religioso y cívico.

Plaza de la Almoina. Foto obtenida de Tourismvalencia.com

Historia de Valencia expuesta en L’Almoina

 
Recreación de la ciudad de Valentia Edetanorum (actual Valencia) en época romana

            La antigua ciudad de Valentia fue fundada en el año 138 a.C. por Décimo Junio Bruto al licenciar a sus tropas de las campañas lusitanas y concederles tierras en lo que actualmente se correspondería con el casco antiguo de la Ciudad de Valencia. Cerca del Cardus y el Decumanus Maximus (las dos calles principales de una ciudad romana) se ha encontrado un pozo de una profundidad de 3,29m en el que habían piezas cerámicas como ollas, cazuelas, morteros, vajilla de mesa y recipientes de muchos tipos. 

            Valentia fue destruida por Pompeyo en el 75 a.C. durante las guerras Sertorianas. La ciudad, destruida, fue abandonada, y en L’Almoina se ha corroborado esta destrucción bélica con el hallazgo de armas y 17 esqueletos de soldados ejecutados. 

            No obstante, hacia el final del reinado de Augusto se tienen signos de nueva presencia humana, y se sabe que fue refundada entre los años 5 a.C. y 5 d.C. con categoría jurídica de colonia romana. En esta etapa, se construirían todos los elementos propios del urbanismo romano, incluyendo el circo, pero también edificios conservados en L’Almoina como el foro, el ninfeo, la curia y la basílica. La construcción de la Via Augusta en el siglo I d.C. permitirá a Valentia una conexión con la propia ciudad de Roma, pues el cardo de la ciudad coincidía con ella. 


Recreación de Valentia en época visigoda


            Tras la caída del imperio romano en el siglo V d.C., los visigodos ocuparon la península ibérica y la ciudad de Valentia pasó a formar parte del reino visigodo de Toledo. En esta época, l’Almoina sigue siendo la zona principal de la ciudad, pero el antiguo foro y su entorno han sido convertidos en el conjunto episcopal, en el que predomina una gran catedral rodeada de cementerios, iglesias, palacios y demás edificios romanos que aún se mantienen en pie. En la actual Almoina quedan los restos de baptisterio de mediados del siglo VI, conocidos como “cárcel de San Vicente”. Se cree que este baptisterio presentaba una planta cruciforme, y fue construido con muros de sillares romanos. Hay que tener en cuenta que a principio del siglo IV el diácono Vicente fue martirizado en Valencia. Sobre los escombros de la cárcel de San Vicente, donde se supone que sufrió su martirio, se levantó un ábside con forma de herradura, único vestigio del edificio.  

            De todas maneras, y aun sobreviviendo como centro urbano por ser sede episcopal, se tiene constancia de que la ciudad estaba despoblada y casi vacía. Será en el periodo musulmán cuando Valentia, ahora en esta época llamada Balansiya (nombre que llevará también la taifa homónima) o Madinat al-Turab ("Ciudad del Polvo"), una renovación urbanística. Encontramos evidencia de esto en la ocupación de una parte de la muralla islámica, perteneciente al alcázar del siglo XI.

            Ya sería durante el periodo del Reino de Valencia cuando el lugar recibiría el nombre de l’Almoina. Será en el año 1303 cuando el obispo Ramón Despont funde l’Almoina de la catedral de Valencia, la cual era una institución benéfica dedicada a la limosna y a la manutención de personas sin recursos. A lo largo de toda su historia, el edificio fue variando en sus funciones destinándose una de sus salas como escuela de gramática y teología a partir del siglo XIV o bien como cárcel para refugiados acogidos a la inmunidad eclesiástica entre los siglos XVII y XVIII. Sin embargo, el edificio fue derribado en el siglo XIX.



Descubrimiento de L’Almoina y creación del Museo

Fotografía aérea realizada durante una rehabilitación del yacimiento arqueológico de L'Almoina (2003)

            En 1985, la Basílica de Valencia compró unos terrenos que más tarde serían conocidos como la Plaza de L’Almoina. En un principio, estarían destinados a un proyecto de ampliación de las propiedades de la iglesia presentes en la zona, pero se anuló el proyecto al encontrarse en las excavaciones los restos de lo que fue la ciudad romana de Valentia, el origen de la ciudad de Valencia, tanto en época republicana como en época imperial. El ayuntamiento de Valencia compraría el terreno y realizaría las necesarias intervenciones arqueológicas, inaugurándose en 2007 el Museo Arqueológico de L’Almoina, ofreciendo a todos los visitantes del museo el acceso al complejo arqueológico.


¿Qué podemos encontrar?

            Este subsuelo arqueológico ocupa una superficie de 2.500 metros cuadrados y conserva restos arqueológicos que muestran la evolución de la ciudad desde el siglo II a.C., de época romana, hasta el siglo XIV, ya de época medieval, pasando por el periodo musulmán de Balansiya y la Valentia visigoda.


Maqueta en bronce del yacimiento arqueológico

            El centro arqueológico está dotado en cada uno de los yacimientos arqueológicos expuestos una perfecta explicación cronológica y descriptiva de éstos en paneles de fondo negro y letras blancas, haciendo la lectura más cómoda para los alumnos. Además, al lado de estos paneles están colocadas pequeñas maquetas de las respectivas construcciones, claramente adaptadas a las personas con discapacidad visual, dado que están acompañadas del nombre del hallazgo arqueológico en braille.
            Dentro de L’Almoina, pueden encontrarse muestras de la cultura romana tales como unas termas, un ninfeo, fragmentos del cruce entre el Cardus y Decumanus Maximus, una necrópolis, un Horreum, restos del foro de la antigua Valentia con la correspondiente maqueta del mismo, un arco de la entrada al foro, la curia, y una factoría de época imperial, y una sección dividida en dos partes de la cerámica encontrada
            Al entrar en el centro arqueológico el visitante podrá observar la maqueta completa del subsuelo arqueológico que van a visitar. La vista empieza bajando a la planta baja para luego subir a la planta superior.


Fotografía de las 3 zonas (Frigidarium, Tepidarium y Caldarium) de las Termas romanas de L'Almoina

            Al bajar las escaleras los visitantes podrán ver las tinajas a su izquierda, para luego avanzar y encontrarse el primer edificio, unas termas datas de la época republicana. Tras las termas, avanzamos hacia lo que en época romana era la salida de la ciudad de camino hacia el circo, y podrán ver el ninfeo, edificio funcionaba como una fuente monumental en la época romana. Después llegarán al cruce del Cardus y el Decumanus maximus, y luego pasarán a ver las necrópolis romanas y la escultura del león postrado, al lado de un altar funerario.

Recreación en bronce del Forum romano y del Horreum allí situado 
            Luego pasarán a ver la maqueta del foro y de Horreum, y acto seguido pasarán a ver los restos propios del foro. Después verán los restos de una entrada al foro, formada por dos columnas y el arquitrabe, formándose así como un arco arquitrabado. Así mismo, también puede verse una maqueta del foro de época imperial y la curia en el que se reunía el senado de la ciudad de Valentia, para luego visitar la sección en la que podrán ver los restos de la basílica. Ya antes de subir se verían las factorías de época imperial, habiendo pasado el ábside de la iglesia de periodo visigodo.

            Tras terminar con el piso de abajo, los visitantes podrán acceder al piso superior, y verán un vídeo sobre la historia y la evolución del centro arqueológico, desde la fundación de Valentia, pasando por el propio descubrimiento de los restos arqueológicos. Después, ya para finalizar, observarán la cerámica tanto del periodo romano como el islámico para observar los restos materiales de estos periodos.


Conclusiones

            L’Almoina supone para aquel que la visita una experiencia única, sin importar si el visitante es un estudioso de la historia, un recién iniciado en ella o un alumno de secundaria que todavía está aprendiendo. Una de sus características más destacables es que es un museo perfecto para una primera toma de contacto con el apasionante mundo de la arqueología y de la historia, dado su alto valor pedagógico.

            A este valor pedagógico se suma también que la visita y el estudio de L’Almoina nos puede inculcar tanto a nosotros como a los más jóvenes el respeto al pasado y a la multiculturalidad, dado que el estudiando el pasado de la ciudad de Valencia nos permite hacernos conscientes de que una población, una ciudad, una sociedad, no es algo monolítico y fijo, sino que es el resultado de una amalgama de las culturas y personas que la precedieron. Ello nos ayuda a poder estudiar y comprender culturas diferentes y distantes a la nuestra en tiempo o en espacio

            Pero otro elemento que debemos de reconocerle al centro arqueológico de L’Almoina es el cómo refleja el cambio y la continuidad de la ciudad de Valencia.

            El centro es en sí mismo muy pequeño, y no alcanza en magnitud y popularidad a otros monumentos o enclaves históricos, como pueden ser un anfiteatro o una catedral. 

            Sin embargo, destaca en el hecho de que es prueba física de la evolución de una ciudad a lo largo de los siglos, y cómo ésta, a pesar de todos sus cambios y eventos, perfectamente reflejados en L’Almoina, ha mantenido su importancia y estatus como urbe habitable, adaptándose a las necesidades e inquietudes de las personas que habitaron en ella.

            Si viéramos una ciudad como si fuera un árbol, nosotros estaríamos habitando las zonas equivalentes a la copa y el tronco, siendo las raíces los enclaves arqueológicos que antaño fueran la urbe cuando apenas era un brote. Raíces que, por desgracia, no siempre están disponibles para su estudio y disfrute por aquellos que actualmente nos movemos y conocemos el tronco y el árbol.
            
             Así pues, gracias a L’Almoina podemos visitar, y al mismo admirar, las bellas y antiguas raíces de ese hermoso naranjo que es la Ciudad de Valencia.

Fdd. Bernat Sunday


Bibliografía y consultas web

- Díez Arnal, J. (2008). Centro Arqueológico de la Almoina - Plaza de la Almoina . Nov. 14, 2018, de Centro Arqueológico de La Almoina, Sitio web: http://www.jdiezarnal.com/valencialaalmoina.html.

- Escrivà Chover, Mª Isabel (2010). Guia del Centre Arqueològic de l'Almoina. València: Ajuntament de València, Delegació de Cultura. Centre Arqueològic de l'Almoina (València).

- Marín Jordà, Carmen (1999). L'Almoina : de la fundació de València als orígens del cristianisme . València : Ajuntament de València.

- Redal E. Juan (Dir), (2007). La forma de vida de los romanos. En Geografía e Historia, 1º de la ESO Comunidad Valenciana (Pp. 236-247). Madrid: Ediciones Voramar Santillana, proyecto Casa del Saber.
- Ribera i Lacomba, Albert; Rosselló Mesquida, Miguel (1999). L'Almoina : el nacimiento de la Valentia Cristiana. València : Ajuntament de València. Quaderns de difusió arqueològica ; 5.

domingo, 23 de febrero de 2020

Spectacula: los juegos de Roma

Los espectáculos dedicados al disfrute de la población de Roma tienen una gran variedad de representaciones y lugares donde estos suceden. Muchas veces, en origen, no eran más que celebraciones de carácter funerario. Sin embargo, cuando hablamos de Roma, puede que uno de los conceptos que nos vienen a la mente, puede que por culpa de Hollywood, sean los combates de gladiadores con el emperador haciendo el equívoco gesto del pulgar hacia arriba o hacia abajo para decidir el destino del luchador vencido. Hoy, os hablaremos sobre los tipos de juegos típicos de la Antigua Roma.
Escena de la película Espartaco, cuyo protagonista es interpretado por el recién fallecido Kirk Douglas.

Origen de los espectáculos romanos

Algunos autores han querido hallar un precedente prerromano de carácter púnico-ibero en los combates de gladiadores (Álvarez Martínez, J. M., Enríquez Navascués, J. J, 1992). Cuando A. Blanco habla al respecto del entierro del general lusitano Viriato, nos dice: “Se trata (…) de combates de gladiadores de carácter funerario como el que en origen tenían dichos juegos cuando fueron introducidos los romanos” (A. Blanco, 1988). Esto nos sirve a modo de aperitivo para lo que vamos a tratar a continuación y nos vincula a la vez con otra cita, esta vez extraída de Tito Livio, que dice en referencia a un entierro:
“(…) dicen que Aníbal hizo elevar una pira a la entrada de su campamento, que el ejército desfiló en formación, que los hispanos ejecutaron sus danzas típicas con los acostumbrados movimientos de armas y cuerpos” (Tito Livio, 25, 17, 4).

No podemos encontrar combates de gladiadores en Roma hasta una época ya avanzada, es decir, en el siglo III a.C. No obstante, a partir de que se fueron dando a conocer, se fueron haciendo cada vez más populares hasta alcanzar en época imperial el puesto de espectáculo preferido por los romanos. En época de Augusto, se llevaron a cabo unas reformas políticas y sociales que convirtieron luchas de gladiadores y cacerías en un único espectáculo conocido bajo el nombre de munus legitimum y pasaría a ser un monopolio del Emperador y una obligación para los nuevos magistrados urbanos de las provincias, al tener que ofrecer estos juegos de manera anual.
Relieve del siglo II con carreras de carros, uno de los ludi que se celebraban durante determinadas fiestas religiosas romanas.

Según Ruíz de Arbulo, este fenómeno conocido como los spectacula se diferencia del término spectaculum en que los spectacula eran celebraciones colectivas, públicas y gratuitas, ofrecidas al conjunto de la población y que se ceñían a un calendario religioso. Algunos de estos espectáculos relacionados con el calendario religioso serían: los Ludi Romani o Ludi Magni, celebrados en honor de Júpiter Capitolino; los Ludi Circenses (las carreras de carros) o los Ludi Scaenici (danzas, cantos, mimos y piezas teatrales). Para poder permitir la asistencia de la población, los días en los que se celebraban dichos espectáculos eran declarados nefasti (a pesar de que el nombre nos evoca al término nefasto, eran simplemente días de descanso).

No obstante, en Roma, el que es conocido como uno de los padres de la Iglesia, Tertuliano, nos ofrece una explicación sobre el origen de estos combates. Según Tertuliano, los combates de gladiadores y las venationes eran en origen sacrificios humanos realizados durante actos funerarios, los cuales tilda de un carácter cruel (Tertuliano. De Spectaculis, XII, 6).

Otras fuentes que nos hablan de los combates de gladiadores son Valerio Máximo y Livio, ambos de época de Augusto. Además, se puede encontrar un precedente claro en los ritos funerarios realizados para Patroclo en la Iliada de Homero (Homero, Ilíada, XXIII, 802-825). Por otro lado, encontramos autores más tardíos que nos sitúan en lo que son los combates de gladiadores como una práctica tomada de los etruscos en ese contexto de rito funerario. Estos autores son Ateneo (IV, 153) e Isidoro de Sevilla (Orígenes, X, 247).


Munera gladiatoria

De manera somera, y para conocerlos un poco, veo necesario hablar sobre los miembros que formaban la llamada familia gladiatoria (J. Ruíz de Arbulo, 2006, 245-247). Los gladiadores eran comprados a un lanista, cuyo lugar de trabajo y zona de entrenamiento de los gladiadores era el munus, para que se exhibieran en las luchas de gladiadores (munera gladiatoria) estos magníficos atletas que gozaban del favor y admiración de los espectadores de la Roma clásica. Que los combates fueran a muerte es algo muy inusual, por no decir que era algo raro de ver al menos hasta bien avanzada la época imperial, pues el lanista los mantenía y no dejaba ir así como así una inversión que le había costado tiempo y dinero.

En las ciudades romanas, los munera (combates de gladiadores) se celebraban según la antigua tradición descrita por Vitrubio en la propia plaza del forum, donde ponían vallas y gradas de madera apoyadas en los pórticos perimetrales. No obstante, a principios del siglo I a.C., algunas ciudades de la Campania construyeron edificios estables en piedra para la celebración de estas luchas de gladiadores. Años más tarde, como aparece en el ya nombrado Res Gestae de Augusto y en los Diez Libros de Arquitectura de Vitrubio, este tipo de edificios aparece con el nombre de Amphiteatrum.

Al principio, los gladiadores eran reclutados entre los prisioneros que provenían de las guerras de Roma con el exterior. Pero también se testimonian casos de personas libres que bajo su responsabilidad practicaban dicho oficio. Normalmente, la carrera de los gladiadores no permitía sobrevivir a muchos combates y el destino era tarde o temprano en muchos casos morir en la arena. Aun así,  podían obtener la rudis (espada o bastón de madera que simbolizaba la libertad del gladiador) y conseguir tu libertad tenían que pasar 3 años, pero la libertad total simbolizada por el pileus (gorro frigio) no se conseguía hasta los 5 años, como explica Ulpiano.
Mosaico que representa el combate entre el secutor Astyanax y el retiarius Kalendio. Museo Arqueológico Nacional (MAN).

Este es un tema que daría para todo un ensayo sobre el asunto, pero como no es el tema que nos atañe, paso a nombrar los títulos o nombres de los distintos combatientes de este ludus gladiatorium (juego de gladiadores): el samnita (samnis), el galo/mirmilón, el tracio (traex), el retiario (retarius), el perseguidor (secutor)/ provocador (provocator)/ contraretiario (contra-retiarius/ scissor), el hoplómaco (oplomachus), el jinete (eques), el combatiente sobre carro (essedarius), el arquero (saggitarius), el lacero (laquerarius/paegniarius), el velite (veles), el gladiador con dos espadas (Dymachaerus) y el bufón (paegniarius).


Venationes, damnationes y certamina graeca

Otros de los juegos realizados en el Roma serían la venationes, las damnationes y las conocidas como certamina graeca. En primer lugar, en cuanto a las venationes, el término procede venatio, que significa caza. La caza, en todo el mundo antiguo, ha sido siempre una actividad que comportaba honor, digna de reyes y aristócratas. En Roma, esta práctica surgió en el siglo II a.C. en grandes leporaria o recintos privados de caza.

Ya con el sentido de las venationes públicas realizadas a cabo en Roma, surgirán en un movimiento conjunto con la expansión de Roma. En los Ludi Romani, celebrados en el Circo Máximo, era donde se presentaba al Senado y al Pueblo de Roma los animales exóticos capturados por las legiones durante las guerras, como prueba de victoria y dominación. Según Verrius, una de las fuentes utilizadas por Plinio, los animales eran cazados con lanzas debido a que no se consideraba oportuno el conservarlos vivos ni regalarlos a monarcas amigos.
Escena con venatio del mosaico de Villa Borghese.

Livio data la primer gran venatio celebrada en Roma, en el año 186 a.C., de la mano de M. Fulvio Nobilior. En estos juegos se dice que se cazaron por primera vez leones y panteras, conocidas como ferae africanae, en el Circo Máximo. Pero, poco a poco, estas venationes pasaron a ser una más de las ceremonias de los Ludi Megalenses y los Ludi Romani.

Otro de los espectáculos de la Antigua Roma (J. Ruíz de Arbulo, 2006, 232) eran las damnationes, un espectáculo que si, en principio, era la pena capital, se convierte en un espectáculo que sirve como castigo y advertencia para quienes lo ven. Este acto, la damnatio ad bestias, se documenta por primera vez en el año 167 a.C. Dicho espectáculo luego pasó a asociarse equívocamente con las munera gladiatoria realizadas en los anfiteatros. Normalmente, en las damnationes, el condenado era devorado por fieras, lo cual se acabó extendiendo también a los prisioneros de guerra y criminales comunes, cuya muerte pública se convirtió en un espectáculo habitual.
Panteras devorando a un criminal. Mosaico romano del siglo III. Museo Arqueológico de Susa (Túnez).

Dejando de lado las damnationes y su carácter punitivo, existe otro espectáculo más interesante a nivel deportivo que el anterior, la certamena graeca. En estas competiciones atléticas ofrecidas por primera vez por M. Fulvio Nobilior en el año 186 a.C., los athletae (o atletas) griegos realizaban una serie de actividades de carácter atlético tales como la lucha, acrobacias, carreras y demás. No obstante, Roma tardaría aun 100 años en volver a producir otro espectáculo como este y a acostumbrarse a ellos. De este modo, siempre se celebraban como un acto conmemorativo sobre una victoria.

Ahora debemos plantearnos ¿Qué es el munus legitimum? Pues bien, durante el siglo I a.C., la celebración en Roma de juegos de gladiadores y cacerías de fieras salvajes por parte de los principales personajes de la política romana (Pompeyo y César) había alcanzado unas cifras en gastos desorbitadas. Por ello, finalmente, Augusto, en el año 22 a.C., acabaría por promulgar una ley para restringir los combates públicos de gladiadores a no más de dos al año.

Tal fue la importancia adquirida por estos actos que el mismo Augusto incluyó en uno de los capítulos de sus Res Gestae, su testamento político grabado sobre dos columnas de bronce delante de su mausoleo, con las características de los munera y venationes dedicados a su persona en Roma (Augusto, Res Gestae, 22).

Esto ya nos habla sobre la importancia que tenían estas actividades para la vida diaria y el espacio que podían ocupar en el pensamiento político de los emperadores. No obstante, quedaría pendiente de futuro estudio cada uno de estos munus legitimum.

Un saludo,
Fdd. Remus Okami


Bibliografía

- ALVAREZ MARTÍNEZ, J. M. (coord.), ENRÍQUEZ NAVASCUÉS, J. J. (coord.) et al. (1992): El Anfiteatro en la Hispania Romana. Coloquio Internacional. Mérida.
- LILLO, F. (2011): Gladiadores, mito y realidad, ed. Evohé Didaska.
- RUÍZ DE ARBULO, J. (2006): L’Amfiteatre de Tarraco i els espectacles de gladiadors al món romà. Fundación Privada Liber. Tarragona.

miércoles, 12 de febrero de 2020

LA GUARNICIÓN DE ROMA

Un ejército imperial

Durante gran parte del siglo I a.C. tuvieron lugar varias guerras civiles que provocaron el colapso político de la República, al igual que su estabilidad social y económica. Octavio Augusto, consciente de la vulnerabilidad de la capital romana y de un enemigo poderoso como el Senado, que pudiera afectar a su modelo político reformista, planteo la necesidad estratégica de dotar a la capital romana y a su figura como líder, un ejército permanente que pudiera evitar futuras guerras civiles.

En Roma se encontraban, los llamados diez mil hombres, que se conocería a partir del 27 a.C. como la guarnición romana. Inicialmente, como se piensa a veces, no se establecieron en dicha ciudad, ni tuvieron una proximidad relevante que pudiera afectar a nivel político a la capital. Augusto creó una serie de cuerpos y unidades que se caracterizarían a largo plazo, de ser las tropas de élite de Roma, y la vanguardia del Imperio frente a posibles enemigos dentro del mismo. Augusto decidió así apostar por la militarización de la vida pública romana. La guarnición se dividió en una serie de lugares estratégicos del Lacio, y agrupándose en cuarteles generales próximos a la zona de Viminal, el Celio y Esquilino.


Los pretorianos



"Relieve que representan a los pretorianos, la guardia de élite del Princeps, y la más influyentes unidades de la guarnición romana. Con la caída de la Dinastía Julio-Claudia, los pretorianos se apoderaron de la política sucesoria de los emperadores.

En primer lugar, pasaremos a valorar lo que se conoce como la más famosa y repercutida fuerza de la guarnición romana. Los pretorianos tuvieron un origen en la expansión militar romana de la República. Formaban parte de la guardia personal de un magistrado romano, el pretor, para que pudiera desempeñar sus funciones judiciales y militares en los territorios anexionados.

Los pretorianos se disolvieron al mismo tiempo que la figura de los pretores perdió sus facultades militares, hasta que Augusto quiso resucitarlos, en una nueva forma y funcionalidad acorde con el sistema imperial romano, convirtiéndola en una guardia imperial, cuya misión era asegurar la vida política del emperador romano.

En las filas de los pretorianos romanos, encontramos a los mejores soldados o veteranos de las legiones romanas. Los pretorianos no eran una guardia personal del emperador como tiende la gente a confundir, ya que de acuerdo a lo que dice M. Durry, su función principal junto a otras, era la de procurar la estabilidad política y garantizar la pax romana dentro del Imperio Romano.

"Octavio Augusto fue el primer emperador romano. Principal creador del sistema imperial, al igual que la persona que reorganizó las legiones romanas republicanas al modelo imperial del 27 a.C."

Los pretorianos estaban mandados por un prefecto o prefecto del pretorio como se denominaban. Personajes del orden ecuestre, afines a Augusto cuyo puesto dependía de su lealtad al mismo. Cada prefectura pretoriana, estaba al cargo de un tribuno, que a su vez, dividía seis centurias comandadas por seis centuriones. Los centuriones estaban en igualdad de mando entre ellos, con excepción de uno, el trecenarius, el primero entre todos, quien comandaba a los trescientos speculatores, la otra guardia del prínceps. Otro oficial de rango entre los centuriones era el prínceps castrorum, responsable del campamento.


"Tras la muerte de Nerón, Galba fue proclamado emperador con el apoyo de sus legionarios y de los pretorianos. Galba se caracterizó de ser un idealista republicano, contrario a todo lo que tuviera que ver con Augusto y los césares, tanto que no quería que le llamasen emperador. Cuando los pretorianos le exigieron una compensación salarial por apoyarle, Galba se negó, lo que acabó por ser asesinado por estos cuando Otón prometió recompensarles.

Los pretorianos contaban con un gran número de jinetes romanos, lo que explica que los legionarios se referían a ellos como equitatae, ya que las cohortes pretorianas se formaban 1/5 de unidades de caballería junto con una mayoría de tropas de infantería. Los pretorianos se crean en torno a los años 27-26 a.C. mediante la designación numeral del IX, que les concedió Augusto, lo que indica que fueron nueve cohortes pretorianas en total. Los pretorianos escogieron como representación el emblema del escorpión.

Augusto les dejó organizar su cadena de mando entre ellos, con la prohibitiva de concentrar el poder en un único puesto que pudiera ser una amenaza para su persona y producir un golpe de Estado. Por lo que en un comienzo fueron varios los prefectos al cargo de los pretorianos, esto cambio con Tiberio. El emperador romano, poco prudente o confiado, cometió un gravísimo error.

Tiberio organizaría el pretorio en consecuencia de su paranoia personal de las distintas conspiraciones hacia su persona, deshaciendo la organización que confirió Augusto, nombrando a un único prefecto, Sejano, que convenció a Tiberio instalar las nueve cohortes y a las tres cohortes urbanas en la ciudad de Roma, concretamente en la meseta del Esquilino, en el extrarradio, en las afueras de la muralla serviana. Las doce cohortes (9 pretorianas y 3 urbanas) formaron un campamento principal de unos 440 x 380 metros.

"Lucio Sejano, prefecto del pretorio en época de Tiberio, y uno de los hombres más influyentes de la política romana desde entonces. Fue el principal causante del traslado de la guarnición romana dentro de Roma, aprovechándose del delirio del emperador romano, Sejano hizo de los pretorianos un verdadero órgano de poder dentro del Imperio. Sus consecuencia se hicieron notar el resto de su historia."

Actualmente se desconoce con certeza el tamaño del campamento pretoriano, pero gracias a la arqueología y lo que sabemos de la historia militar romana, un campamento legionario llegaba a extenderse entre 18 y 20 ha. El historiador francés Yann Le Bohec, haciendo un cálculo entre el número de unidades pretorianas en su base miliaria o quingeniaria, cree que el campamento original debió tener una extensión de 16,72 ha.

El número de unidades siempre ha sido modificado a lo largo del periodo imperial, por deseo o por necesidades de los distintos emperadores romanos. Se sabe que en la famosa guerra de los Cuatro Emperadores del 69, su número llegó a aumentar en mil cada cohorte. Domiciano llegó a crear la décima cohorte pretoriana, pero cuando Septimio Severo llegó al poder en 193, en el que los pretorianos ayudaron a uno de sus enemigos por el trono, decidió castigarlos a la hora de disolverlos y reorganizarlos en unidades leales a su persona, aumentando las cohortes a 1000 unidades cada otra vez.

"Dibujo de Richard Hook, en el que se pueden apreciar dos pretorianos vestidos de campaña, el de la izquierda, un optio (oficial) y el de la derecha, un guardia del emperador."

Muchos emperadores recelosos de los pretorianos, como Septimio Severo, intentaron en diversas ocasiones disolverlos acabando en continuo fracaso, hasta que en el año 312, cuando apoyaron a Magencio en su guerra contra Constantino. Tras la victoria de este último, los pretorianos fueron disueltos permanentemente, tras 300 años ocupando una importante labor de la política imperial romana.

Los urbanici, los grandes olvidados



Mucho se conoce de los pretorianos, las cohortes urbanas más famosas y poderosas del Imperio, debido a su ascenso al poder imperial tras el reinado de Tiberio, cuando la elección de un candidato al trono ya no venía tanto del Senado o el propio emperador, sino de esta guardia. Los pretorianos llegaron a estar cerca de la vida íntima del prínceps, como de su seguridad y actuando como un verdadero ejército privado, pero Augusto, creó otras cohortes y cuerpos de tropa para contrarrestar el poder de los pretorianos.

La creación de los urbanici, se data del año 13 a.C. posterior y mucho más modesta debido a su función respecto a su número de cohortes, la X, XI y la XII, como la fuerza de seguridad de Roma. Se podría decir que mientras los pretorianos serían fuerzas personales del prínceps, los urbanici serían la guardia del pueblo, con funciones de seguridad, actuando como una verdadera fuerza policial. Sin embargo, esta no es otra excusa de Augusto, para crear tres cohortes aparentemente relegadas a la seguridad civil, siendo en realidad tres unidades de élite del emperador.

"La ciudad de Roma, sufrió un increíble incendio el verano del 64 d.C. en el que Tácito afirma, que llegó a destruir por completo cuatro de los catorce distritos de la ciudad. Los urbanici junto a los Vigilantes, fueron las unidades encargadas de la extinción de dicho incendio".

En el siglo I estaban a las órdenes del prefecto de la ciudad de Roma, personaje de origen senatorial y leal a Augusto. Desempeñaron junto a los pretorianos importantes labores durante el complejo reinado de la dinastía Julio-Claudia, además de participar en las labores de ayuda del incendio que asoló Roma durante el reinado de Nerón. Pero hasta el siglo II d.C. los urbanici fueron pisados una y otra vez por los pretorianos, que acabaron sometidos a ellos.

Su organización era parecida a la de los pretorianos, cada cohorte estaba dirigida por un tribuno y seis centuriones. Probamente contaran con unidades de caballería, aunque no se sabe a ciencia cierta. Yann le Bohec le otorgó un número de quinientas unidades por cohorte, y que Vitelio aumentó a mil, debido a que no contaba con el apoyo de los pretorianos, que se marcharon ayudar a Vespasiano. Septimio Severo aumentó la cifra a unos 1500, lo que nos indica que su cifra no cambió desde Vitelio. A diferencia de los pretorianos, sobrevivieron a Constantino, pero ya habían perdido su importancia en el siglo IV, y acabaron olvidados a lo largo de la historia.

Las cohortes de los Vigilantes


Mucho más posterior sería la creación de los Vigilantes por Augusto, justamente ya en el 6 d.C., organizadas en siete cohortes y numeradas como miliarias (1000 unidades). Se trata de grupos de voluntarios para ejercer dos funciones simples:

A cada una de estas cohortes se les confiaba dos de los catorce distritos de la ciudad. Estaban equipados con lámparas para el servicio nocturno, sifones, cubos y escobas, para funciones de mantenimiento y limpieza. Curiosamente, a pesar de aparentar ser unidades de mantenimiento, tenían formación militar, aunque no se consideraban como tal. Ulpiano nos cuenta que los Vigilantes llegaron a ser militarizados tras el periodo de la Anarquía militar del siglo III d.C.

"Son pocos los detalles de las cohortes de vigilantes. Sabemos que tenían entrenamiento militar, pero su equipo estaba pensado para las labores de mantenimiento, por lo que debieron ir con lo justo para desempeñar sus funciones, sin llegar a ser una fuerza armada en sí".

Su jerarquía se establecía entre un prínceps que actuaría como un prefecto, intercambiando funciones entre las cohortes con tribunos y centuriones, con el mismo esquema de los pretorianos y la guardia urbana. El puesto de prínceps era ocupado por un equite, también conocido como prefecto del vigilium. El servicio se premiaba a partir de época de Tiberio en el 24 d.C. cuando en un periodo de seis años, el vigilante ganaba la ciudadanía romana.

La base de los vigilantes se estableció en Ostia a partir de Claudio, junto a la guardia urbana de Roma, tuvieron un importante papel en el exterminio del gran incendio de la ciudad, y fue desde entonces, cuando los emperadores valoraron la importancia del mantenimiento de estas unidades especiales.

Los corporis custodes


"Representación escultórica de los corporis custodes en la Columna de Trajano, la guardia germana."

Podríamos decir que después de los pretorianos, los más conocidos sean los custodes, sobre todo por su aparición en el mundo cinematográfico o en series como las de Yo, Claudio. Augusto, aún receloso de crear una unidad tan poderosa como los pretorianos, creo a los corporis custodes con la excusa de que los pretorianos no serían suficientes para la seguridad del emperador romano.

Augusto trajo de Germania algunos de los mejores guerreros germanos o bátavos, de las regiones de Renania o la actual Holanda, para establecer su guardia personal. Su número oscilaría entre 100 o 500 como mucho, considerada la milicia personal de los emperadores romanos. Pero no tuvieron mucho recorrido con Augusto, ya que tras el desastre de Teutoburgo, el emperador quiso disolverla.

"Un jinete bátavo que cruza un río. Los batavos fueron auxiliares que provenían de la zona de la actual Holanda, siendo unidades anfibias del ejército romano. Su gran desempeño militar hizo que gran parte de los emperadores, los agregaran a las filas de la guardia germana."

El emperador Calígula los rescató, y convirtió en una verdadera unidad militar a su servicio. Aquella “guardia germana” estaba compuesta en su mayoría de jinetes montados. Sabemos por Trajano, que quedaron organizados en turmas, cada una mandada por un decurión y un tribuno. Durante el reinado de Trajano acuñarían el nombre de numerus, en referencia a la cantidad de mil hombres que lo formaban, aunque esto no está demostrado.

Decadencia de las cohortes urbanas


Hemos hablado del origen y motivos de la creación de estas cohortes, y detallado en mayor o menor medida, de sus distintas unidades. Explicado como los urbanici acabaron cayendo bajo la influencia del prefecto del pretorio, debido a la creciente acumulación de poder que estos estaban teniendo, como la militarización de los Vigilantes por las causas de la Anarquía Militar, y las continuas guerras civiles por el control de Roma.
"El emperador Calígula, probablemente consciente de la amenaza que suponían los pretorianos, reorganizó a los corporis custodes para confiarles su seguridad. Cuando los pretorianos, junto a otros senadores, asesinaron a Calígula, cuando éste, desprovisto de su guardia, se dirigía al teatro, los germanos quisieron vengarse y asesinaron a parte de los pretorianos que se encontraron a su paso."

Si bien es criticado a Augusto, o tenido en cuenta, que fue una mala decisión crear semejante ejército, no se suele tener en cuenta los factores que llevaron a la decadencia de estos grupos. La idea de Augusto era buena, y eficaz aunque no se piense, para dar la estabilidad al Imperio dentro de sus fronteras, para no caer en los errores de la Guerra Civil y Julio César. 

La decadencia de la guardia pretoriana, viene ligada por la problemática de la sucesión imperial que no pudo desarrollar debidamente bien el Princeps, junto con la creciente corrupción que quedaría ligada a los cimientos del Imperio desde Tiberio hasta Constantino. Hablamos que Augusto tuvo cierta obsesión de que estos cuerpos acabaran haciéndose con el poder, por lo que puso la medidas necesarias para evitar que se hicieran con al estructura de poder. Sin embargo, fue Tiberio el que alteró todo este esquema junto con el prefecto Sejano, dando un poder inconmensurable a los pretorianos y convirtiéndolos en los verdaderos amos de la política romana.

Si bien hemos dicho que con Tiberio, concretamente en el 24 a.C. con la construcción del Castra Pretoria dentro de Roma, algo que iba contra lo establecido por Augusto, es en realidad la Guerra de los Cuatro Emperadores en el 69, donde comienza el punto fulminante de la ascensión al poder de los pretorianos. Como fuerza de élite, los pretorianos durante esta guerra supieron dar la vuelta a la contienda a favor de aquellos emperadores que velaban por sus intereses. Esto se refleja en la Batalla de Brediacum, cuando los legionarios de Otón quebraron sus posiciones, los pretorianos y los bátavos, consiguieron frenar ellos solos a un enemigo superior en número. El propio Otón vio por experiencia, que había que tener en cuenta las peticiones de los pretorianos, a los cuales duplicó su sueldo, para que no le pasara lo mismo que a Galba.

"El Desastre de Teutoburgo del año 9 d.C., fue una de las mayores derrotas romanas jamás sufridas hasta este momento"

Los pretorianos acrecentaron su poder durante siglos, y muchos emperadores no supieron cortarles las alas a tiempo, hasta que se dieron las circunstancias para ello en época de Constantino. La cosa llegaría hasta tal punto que tras el asesinato de Cómodo y el vacío de poder tras la extinción de la Dinastía Antonina, los pretorianos en el año 192 pusieron en subasta el mismísimo Imperio Romano. El poder de los pretorianos es tan solo otro de los síntomas de la decadencia del Imperio Romano, la militarización de la política, ya que tras la Dinastía Julio-Claudia, las legiones romanas acabarían siendo otra pieza clave en la subida al poder de los emperadores romanos, acabando por completo con la carrera política de cualquier senador romano.

Bibliografía


DE LA BEDOYÈRE, Guy; “La Guardia Pretoriana, Ascenso y caída de la escolta imperial de Roma”, Editorial Pasado y Presente, 2017, Barcelona.

LE BOHEC, Yann, “El Ejército Romano”, Ediciones Ariel, 2013, Barcelona.

ROLDÁN, José Manuel; BLÁZQUEZ, José María; DEL CASTILLO, Arcadio; “Historia de Roma, Tomo II, El Imperio Romano”, Ediciones Cátedra, Historia, S.A., 1995, Madrid